LA HABANA ES LA HABANA


La Habana es una de las ciudades más importantes del mundo, el historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, la cataloga entre las cinco más hermosas del planeta, “He viajado bastante y pude comparar ciudades,  García Márquez ha expresado que La Habana es una de las ciudades más bellas del mundo. Hemingway decía que sólo Venecia y París eran superiores. A mí me fascina París, me gusta mucho Venecia. pero no cambiaría ninguna de las dos por La Habana. La Habana es una ciudad que hala mucho, tiene sus propios misterios, su propia maravilla, su propio encanto, sus propios secretos. A través de una sola avenida, desde el Castillo de la Fuerza hasta los confines de Miramar, por el malecón y la Quinta Avenida, se puede ver toda la historia de su asentamiento, su desarrollo. Es una ciudad que sobrevolándola o caminándola, se ve una ciudad pensada. Como si esto hubiera sido una coincidencia de deseos a lo largo del tiempo. No es un caos reunido, sino que tiene la gracia de las grandes ciudades. La Habana tiene muchas cosas”.


¿POR QUÉ LA HABANA ES LA HABANA?


Fueron muchos los viajeros que transitaron por La Habana, los cronistas de la colonia, desde lejanos tiempos elogiaban la gran ciudad predestinada por los dioses y los hombres; desde 1622, el fraile Antonio Vázquez de Espinosa, en una escala describe la ciudad como algo paradisiaco, un ambiente propicio para las inquietudes superiores del espíritu.

La Habana es la “Llave del Nuevo Mundo, y antemural de las Indias Occidentales”, así aparece por regia voluntad en la Real Cédula de 24 de mayo de 1534. Este concepto esculpido con letras de oro trajo las medidas de defensa gigantesca de la ciudad que se convierte en la más defendida e inexpugnable del continente. (E. Leal)

Durante más de tres siglos, el puerto de La Habana se convierte en el astillero de España, donde hacia escala la Flota de Oro, cargadas de oro, plata y piedras preciosas para enriquecer a Europa. La fiebre del oro y la ansiedad cautivó la imaginación de los conquistadores, La Habana se asienta como centro y corazón de América “porque es puerto seguro de grande escala donde vienen a parar todas las naos y flotas de la Nueva España y tierra firma y Honduras con todas las riquezas y es llave y puerta del canal de Bahamas”. (Informe al rey Felipe II, en 1572)

Fernando Ortiz le llama la Sevilla, la Babilonia de América, el lugar de máximo atractivo y diversión del mundo. En momentos especiales de la historia se crean por diversas circunstancias encrucijadas por donde cruzan los pueblos, en etapas de gran desarrollo y riqueza. Buenos ejemplos son: Egipto, Siria, Palestina, Mesopotamia, Grecia, Roma y España. Desde luego, estas encrucijadas antiguas, no pudieron alcanzar la modernidad de La Habana.

“Oh Habana ilustre, erario seguro, reposo de los mayores tesoros que ha visto el universo. No solo conozco lo que eres, pero también lo mucho que intrínsecamente vales. Oh Habana, la menor de América. ante tu formal grandeza célebre serás en la posteridad de los siglos”. (Tal fué la valoración que España daba a La Habana en 1663, a través de Francisco Dávila Orejón, Gobernador y capitán General de Cuba).

Por la grandeza de la capital habanera se construyó el más poderoso sistema de fortificaciones del Nuevo Mundo: coronado por el complejo Morro Cabaña, una fortaleza ciclópea, lo cual hizo que Carlos III desde el balcón de su palacio extendió un catalejo para contemplar desde España los altos muros de La Cabaña que tanto costaron.

Desde entonces La Habana se convierte en una de las principales urbes del mundo: más poblada y apreciada que Boston, Nueva York o Filadelfia. El auge del azúcar transformó a La Habana de tierra de paso en terminal. Hacia fines del siglo XVIII unos mil barcos entraban por la bahía para cargar azúcar y descargar mercancías. En dos momentos La Habana, a consecuencia de las ventas del azúcar, pasó a ser la ciudad más rica de todo el planeta; sus castillos y mansiones babilónicas lo demuestran.

La Habana conoció rápidamente los inventos mundiales ferrocarril, teléfono, electricidad, cine, radio, televisión, mucho antes que los países de toda América Latina. La riqueza material y cultural es propicia por el cruce de culturas: Encuentro y síntesis, calidoscopio del que brota la frondosa cultura, rica, viva y universal.

“Los mejores informados sabían que Cuba había sido la colonia más culta de España, la única culta de verdad, y que la tradición de las tertulias literarias y los juegos florales permanecían incorruptibles. Se publicaban las revistas de artes y letras. Se trasmitían folletines radiales interminables, junto a obras de Lezama Lima, pinturas de Amelia Peláez y Wifredo Lam, una realidad casi mítica”. (Gabriel García Márquez, Primera Visita a La Habana)

     Es proverbial que La Habana siempre fue la Plaza Fuerte de Teatro de América. “Vamos a hacer América”, una frase que se repetía por directores, empresarios y artistas. La Habana se escogía como inicio del periplo. En la capital de América se encontraba un público conocedor, quien no triunfara en La Habana difícilmente podía sonreírle el éxito en otras capitales.


Por Cuba han pasado grandes celebridades: Almirantes como Cristóbal Colón, genios científicos como Albert Einstein, altos mandatarios o artistas. Por esta tierra desfilaron los más famosos cantantes, músicos, y comediantes de España, Italia y Francia. Hoy todavía muchos artistas quieren hacer La Habana, pagándose sus propios gastos.


En suma La Habana fue la ciudad de más teatros, cabaret, bares, cines en la primera etapa del siglo XX. “La Habana  tiene un  privilegio que sólo conocen las grandes capitales del mundo. Sus calles son un espectáculo perenne: teatro, caricatura, drama, comedia o lo que sea. Pero hay en ella materia viva, humanidad, contraste, que pueden hacer las delicias de cualquier observador.” (Alejo Carpentier)

La Habana no es sólo su historia, cultura y sangre, también lo es su gente, quienes dan vida y permanencia a la gran ciudad porque La Habana es La Habana.


Rafael Lam

La Habana, 2011

(...) His photographs shun the common, worn out clichés, often attributed to Cuba and its capital. The viewer will not find here the spectacular mulatto women, the antique cars, the drums and quasi-folk rituals, sprinkled with rum and sugar. Pablo is very distant from the touristy vision and from the apocalyptic view of those who seek blemishes in the history of the largest of the antilles.


One can almost feel the tenderness, the complicity, and the identification with the fate of his art object. More than the city’s physical geography, Pablo portrays the spiritual geography of the locus, that Havana that leaves no trace in it his mind via its buildings, parks, plazas and monuments, but through the very small, intimate everyday details. In his representation of the walls, in their very texture, he alludes to the skin of the city, one that keeps in its scars, in each corner’s footprint, the memory of whole generations.

La Habana, 2010

Costumbrist scenes, human faces, images of animals, are details which complement and reinforce his view of Havana’s cityscape. The light, the aureus tone, the humor, and certain surreal passages, help shape an image of the city with traces of universality.


A display of high aesthetic values , in which the technical excellence of the artist, and his acute sensitivity, give birth to an intimate view of the city, where Pablo Tarrero engages in the spiritual exercise of searching for the fates of its ancestors… as well as his own.


Ernesto Sierra - La Habana, 2011

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